“La mujer justa” Sándor Márai

Estoy leyendo esta novela del escritor Sándor Márai. Si “El último encuentro” me cautivó, ésta “La mujer justa”, me ha seducido, si cabe, más. Tres narradores, tres personajes vinculados por estrechas relaciones. Tres vidas enlazadas con puntos de vista diferentes ante las mismas vivencias. Otra vez, Márai hace hablar a sus personajes, y a través de sus reflexivos y ágiles monólogos, desentraña el alma humana, profundiza en los sentimientos: la pasión, la soledad, el amor y el desamor, las apariencias… corroborando que conoce muy bien las emociones humanas. Nos ofrece esta obra para que integremos en nuestra vida -como buenos lectores-la sabiduría que de ella se desprende.

En este pasaje, Lázár y la señora Marika mantienen esta conversación:

– ¿Qué ocurre en el alma cuando nos enamoramos? -pegunté, como una colegiala.

-En el alma no ocurre nada- dijo en tono didáctico-. Los sentimientos no se manifiestan en el alma. Siguen otro camino. Pero pueden atravesar el alma como el río desbordado atraviesa las zonas inundadas.

-¿Y una persona inteligente y sensata puede detener esa inundación?

-Querida señora- dijo con expresión animosa-, ésa es una pregunta muy interesante. Yo le he dado muchas vueltas. Tengo que responder que hasta cierto punto es posible. Quiero decir que…la razón no puede iniciar ni detener los sentimientos. Pero puede disciplinarlos. Los sentimientos, cuando se vuelven pelirosos para uno mismo y para los demás, se pueden enjaular.

-¿Cómo un puma? -pregunté sin querer.

-Como un puma -confirmó, y se encogió de hombros-. En la jaula, el pobre sentimiento empieza dando vueltas, rugiendo, enseñando los dientes, mordiendo los barrotes… pero termina agotado y al final envejece, se le caen el pelo y los dientes, se vuelve manso y triste. Eso se puede hacer… Lo he visto. Gracias a la razón, los sentimientos se pueden amansar y domesticar. Pero, claro -dijo con prudencia-, no es bueno abrir la puerta de la jaula antes de tiempo. Porque el puma escaparía y, si aún no está domado del todo, podría causar graves problemas.

-Sea más claro -le pedí.

-Ya no puedo ser más claro -replicó con paciencia-. Usted quiere que yo le diga si se pueden aniquilar los sentimientos con la ayuda e la razón. La respuesta es un no rotundo. pero, si le sirve de consuelo, puedo decirle que, a veces, en los casos más afortunados, los sentimientos se pueden domar y mortificar. Míreme a mí. Yo he sobrevivido.

Marai, Sándor. “La mujer justa”. Ed. Salamandra. Barcelona, 2005 (págs. 114-115)

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